
En ese momento, entre lágrimas, vio como una figura se le acercaba y le decía:
- No llores más, no tendrás tiempo para eso. La vida que te espera es de las peores que puedas imaginar. Te espera crecer sola, sin padres que te animen y te apoyen en tus momentos difíciles. Sin familia que quiera estar contigo. Tus amigos te querrán pero no por quien eres, sino por lo que puedas darles mientras te necesiten. Las personas que parezca que pueden interesarse en ti, en tu amistad, en tus palabras, dejarán de ser así con simples excusas baratas.
No pienses en la muerte, pues ni ella te ayudará a salvarte de este infierno que será tu vida... Los escasos momentos que tengas para querer conocer la muerte no podrán ocurrir debido a algo que en esta vida no se te ha dado: valor. Te falta valor para querer irte porque sigues creyendo todas las mentiras descritas anteriormente.
Llegarás a la universidad y te pisotearan. Todo será competición y tú, a pesar de estar preparada para superarlo, no podrás pues nadie te apoyará. Porque todos podrán mentirte, pero yo te diré la verdad: ahora estás sola y siempre estarás sola. Ni amigos, ni familia, ni parejas que crean quererte.
Si después de esto, si después de saber lo que te espera en la vida, quieres seguir adelante... no te detendré hasta el momento que tenga que hacerlo. Vive, sufre y deséame hasta el último de tus días. Yo seré la única que te ame y te estaré esperando. Nadie podrá quererte más que yo.
Sí, la niña dejó de llorar. Dejó de llorar porque, a pesar de su corta edad, sabía que no podría escapar de tal verdad. Sabría que vería las mentiras de las personas y las creería. Sabía que tendría que luchar, pero no le importaría:
- Puede que haya momentos en los que te desee, pero te aseguro que hasta el último de mis días, seré tu peor enemiga.
La figura ahora visible, sonrió con malicia y se desvaneció. Al fin y al cabo, la muerte tiene cosas más importantes que hacer...
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